NO
LAS HAY MÁS BONITAS QUE VOSOTRAS, «PIROPOS»
PRÓLOGO:
Invitación a la
sensibilidad y al afecto
Llenos están nuestros Diccionarios de palabras hermosas,
elogiosas y complacientes. Escojamos las más bellas para
halagar a vosotras, las mujeres. ¡Qué hermoso es
el lenguaje castellano!
Siempre he sido conocedor de la presunción femenina y
del gran poder que la lisonja tiene para rendir la voluntad
de la mujer, por la simple fineza de un halago al atractivo
singular que sus encantos ofrece. La vanidad femenina es un
don divino que hace tan encantadora a la mujer.
Muchos, tal vez, tratarían de hacer el piropo con mayor
brillantez, conocimiento y autoridad que la mía, pocos
con más sana intención.
Hace ya algunos años, sobre 1991, tuve la feliz y original
idea de poner a toda mujer conmigo relacionada, un halago, que
entonces denominé «Piropo». Siempre encuentras
circunstancias y motivos suficientes para hacer piropos al convivir
con muchas mujeres y encontrar atractivos más que suficientes
que se prestan a ello, sobre todo, si existe variado y abundante
material. En ellas y con ellas aprecié en el piropo la
más bella expresión del sentir del pueblo masculino
hacia la belleza femenina, la elegancia u otras cualidades (éticas,
morales, espirituales, profesionales, políticas, etc.)
aunque hay quien dice que el piropo no es más que una
exaltación sexual de los encantos de la mujer. En realidad,
el piropo, flor, requiebro, lisonja, halago, etc. no es eso,
ni muchos menos, la prueba está en que decir una flor
a una dama, es decirla un piropo y, teniendo en cuenta, que
las flores son la concreción de cuanto más hermoso
y bellos nos da la naturaleza... Claro, que nos referimos al
piropo bello, bonito, afectivo y sentimental, no al soez, que
también se oye a menudo en la calle, en centros de reunión,
televisión, etc.
El piropo verdadero tiene que ser grato al oído de la
mujer que lo recibe, sin que la frase hiera su sensibilidad,
sino que la halague profundamente, no sólo a ella, sino
también a quienes la rodean.
Parece ser que es España, el pueblo español, la
verdadera patria del piropo, quedando reflejado en multitud
de obras de teatro y poética de alta inspiración,
aunque es el pueblo llano el que lo divulga. Por tanto, podemos
considerar al piropo como la frase más enaltecedora de
encantos, prendas y virtudes de la mujer. Yo lo definiría
como «un poco de amor, con mucho ingenio». Otros
opinan que está en decadencia por razones diversas, en
parte, por la forma de vida moderna, de ahí mi intento
por que resurja de nuevo para gala y ornato de las mujeres.
Considero estas galanterías como calibrador de la educación
y cultura del piropeador. En mi experiencia, de más de
230 piropos específicos, jamás encontré
rechazo alguno.
REFLEJO
DE LA OBRA:
A continuación se exponen
algunas de las 245 "flores" de esta obra, precedida
por su correspondiente número de orden::
1 «Conjunta ensueño
y realidad».
2 «Reflejos irisados de
buenos sentimientos».
3 «Ojos hechos fuentes,
cielos hechos ojos».
4 «Delicioso y bello sueño,
aureolada de sobriedad, sencillez y elegancia».
22 «¿A qué
se debe tu singular hechizo, tu fragancia y maravilla...?. A
que estás hecha de rosas de fragantes aromas; suspiros
llevas, esperanzas suscitas e ilusiones despiertas, sin olvidar
el canto sublime de tu cabal armonía».
23 «Turbadora del sosiego».
24 «Peculiaridad de carácter».
25 «Fulgor de rutilantes
y chispeantes ojos».
59 «Deliciosa y plácida
sonrisa; distinguido y refinado porte del precioso jardín
de tu vida, en el que brotan flores de fragantes y sutiles aromas.
Sintiendo particularmente fervorosa admiración».
60 «Eres silueta jolíe,
¡silueta bonita!. Gravedad y mesura en el porte y en las
acciones, armonías insospechadas que se aferran al relieve
y lo resaltan. Verdad es que allí donde asomas, infundes
respeto, reclamas admiración y estimulas el remedio,
atraído por la potestad física y profesional que
de ti dimana y que constituye un ejemplo elocuente de tu vivificante
valer y todo ello permite intuir una realidad de belleza transmutada
en arte».
61 «Mi suerte depende
de tus ojos».
62 «Reflejo de bellos
sentimientos».
63 «Agrado placentero
con el fardo repleto de ilusiones».
64 «Divina esencia de
mujer».
65 «Fulgor cautivante
y conmovedor».
121 «Espléndida y bella flor que despliega sus
fragantes y polícromos pétalos, en un paraíso
en el que vierte su odorífero perfume».
122 «cuando te conocí, y
al verte luego, quedé sorprendido de tu encanto, porque
encierras en tu contenido, pleno de realismo, hondura y candorosa
seducción».
123 «Eres hermosa mujer
y, lo hermoso, se lleva Tras sí los ojos».
143 «Mujercita incomparable, emotiva, de delicados modales,
grácil y armónica figura y aureolada por un hondo
y excelso espíritu, sembradora de bienes e impulsora
de deleites»
144 «Tu sonrisa es el balcón
del alma que se abre tan sólo cuando dentro de ti anidan
y florecen el sentir bienhechor y el pensamiento limpio. ¡Pero,
la observamos tan poco! ».
169 «Deliciosa y encantadora mujer,
que ofreces imágenes de bello y variado porte, imágenes
que se multiplican por lo que crea de modo incesante, ofreciendo
deleites de maravillosa duración y dulzura».
170 «Su belleza es imbatible
y arrasa con cuanto se le ponga por delante, de igual modo percibo
que posee estilo y personalidad, que son virtudes de la mujer
moderna y, no quiero so olvidar su sencillez, ponderación,
impecables modales y candorosa dulzura; no sin motivo sostiene
una amiga que su sentir también es hermoso, sólo
transmite la esencia, de lo que se desprende la tenuidad de
su fragancia».
187 «Encantadora jovencita, que
ofreces imágenes de dorado porte, imágenes que
se multiplican por lo que crea de modo incesante y dotada de
una personalidad singular, comunicadora de la belleza, reconocimiento,
gloria y fecunda eternidad».
188 «Hace tiempo leí no se
dónde, que únicamente avanzan en la vida aquellas
cuyo corazón aumenta de dulzura, la sangre de ardor y
el corazón en perspicacia, que equivale a decir cuando
el espíritu se sosiega y entra y goza en la paz de vivir.
Eres la flor imperecedera de la belleza y tu sonrisa delicada,
tonificante y seductora, ofrece deleites de maravillosa dulzura».
215 «Deliciosa mujercita, tan excepcional como sencilla;
nada se pierde si se la mira, antes bien, cuando más
se la conoce, más se la admira.
Su presencia es un resucitar anímico, comunicadora te
la elegancia al poseer un porte distinguido de bellas y sublimes
imágenes, de lozanía y refinada belleza que el
misterio creador anima, conmueve y conduce. Jamás desposeída
del aderezo solemne de un encanto conmovedor».
217 «Firmeza y luz, como el cristal de roca».
En mis fugaces observaciones o encuentros y, aunque intento
penetrar en la hondura de tu cerebro, me es imposible pasar
el umbral, como a cualquier mendigo. He velado el acceso de
cualquier sinceridad impertinente. Verte es pensar, siendo fulgor
deslumbrante de inspiración venturosa, que moviliza el
fuego creativo de mi lenguaje.
Se nos presenta, como aurora de blancas alas que a la imaginación
embellece, merecedora de bienes que el alma sin cesar alimenta.
Es por sí misma, encanto, luz, vibración, ritmo,
música y canto; con ideas renovadoras, hondos sentires
y acuciantes anhelos y mucho sentido del humor; enciende en
el pecho la esperanza, antorcha que ilumina el ideal siendo
portadora de afectos, sugestivismo emotivo, audaz y poseída
de un encanto conmovedor. Su carácter cautiva, no sólo
por su bondad y belleza, sino por su voluntad de estilo y de
perfección, afabilidad en el trato, encanto natural y
sencillo. Atrayente y seductora. Firmeza y luz, como el cristal
de roca, siempre sentimentalmente ingeniosa en un marco dorado
de sublimes palabras, resultando que, si eres fiel en lo pequeño,
llegarás a ser grande en lo importante.
En lo físico, figura grácil y hermosa, afabilidad
en el rostro, con facciones bien ordena-
das y de caros rasgos llenos de gracia, linda y jovial, que
cristalizaron en el crisol imperecedero de sus candorosos ojos
de cielo; así mismo, su sonrisa espontánea, decorosa
y dulce, que no precisa rodeos para hacerse sentir, siendo vehículo
de paz, sosiego y alegría.
Son las cualidades, y no la belleza de la mujer, las que hacen
felices a los matrimonios. La mujer que quiere, sabe hacerse
hermosa.
219
«Dónde el sol está, no tienen luz las estrellas»
Que tu mente engendre la verdad para que la palabra salga limpia
de tu boca y que el corazón la aliente con amor. Vivimos
pocos días y sólo la bondad, sinceridad, sencillez
y solidaridad han de tener cabida entre nosotros.
Que dulces son sus principios cuando a la reina del pensamiento
le gusta aprender. Morenucha, de agraciado y simpático
rostro, hechura armónica, muy moderna, elegante vestir
y natural elegancia (aunque a veces se pasa de rosca). Sabe
derramar en torno a su persona cierto halo de picarona simpatía.
Me entusiasma la belleza de sus bonitos y grandes ojos negros,
velados por una infinita bondad, así como su delicioso
e incontrolado parpadeo y, sobre todo, el maravilloso peinado
de sus trenzas negrísimas y brillantes, con un atractivo
singular. Cautiva su desafiante sinceridad indiferente a juicios
extraños. Graciosa por morena, bulliciosa, cordial, jovial
y muy alegre, posee ideales básicos de la indivualidad,
estéticos, teóricos, políticos, sociales
y religiosos, los cuales yacen conjuntados en el crisol de su
personalidad, así como señorío del saber
estar, hacer y sentir.
Sólo el recto pensar permite un pulcro vivir. La inteligencia,
como la tierra, se fertiliza con el cultivo y la instrucción,
es fecundo tesoro que el trabajo fructifica y ennoblece.
El leer y escribir proporcionan recónditos deleites que
no admiten parangón, al tiempo que nos brindan el mundo
que queremos, o la experiencia apetecida y contribuyen a la
forja de la personalidad.
El trabajo endulza en todo momento la existencia, pero, no a
todos nos gustan los dulces… (Anónimo)
Faustino
Cermeño Cermeño
Depósito Legal AV-55-1955