a Historia de
Ávila
De las ciudades Castellanas es una de las de más antiguo
origen. La primera civilización que dejó huella
de su presencia en tierras abulenses fue la celtibérica:
piedras sepulcrales, grupos escultóricos de verracos
y, sobre todo los famosos Toros de Guisando.
Posteriormente se asentaron los romanos en la ciudad, a la
que denominaron Avela, incorporándola a la Lusitania.
Son varios los nombres que ostentó Ávila en la
antigüedad, desde el de Obila, como la denomina Ptolomeo
, hasta el de Abela, como es citada en los concilios de Toledo,
pasando por los de Abila, como la llaman San Jerónimo
y Prisciliano, o el de Abula, como aparece mencionada en la
Crónica del historiador Idacio.
Hacia el año 65 -o 66- fue fundada la Silla episcopal
de Ávila, ocupada por San Segundo, uno de los Siete Varones
apostólicos, que sufrió martirio en la ciudad,
a quien sucedió, como segundo obispo abulense, San Julio.
A principios del siglo XVI fue descubierta en la iglesia de
San Sebastián -actual ermita de San Segundo- una caja
de nogal en la que había unos restos humanos recubiertos
con vestiduras sacerdotales, una mitra, un anillo del siglo
XV, un cáliz gótico del XIV y una piedra en la
que aparecía grabada esta inscripción: "Sanctus
Secundus". Pese a que en el sepulcro había objetos
muy posteriores a la muerte de San Segundo -lo cual tampoco
demuestra en modo alguno que los restos hallados no fuesen los
del primer Obispo de Ávila, el júbilo popular
de los abulenses hizo que se considerasen como auténticas
las cenizas del mártir y que éste fuese proclamado
patrón de la ciudad.
También bajo la dominación romana, en tiempos
de Diocleciano, sufrieron martirio en Ávila los hermanos
San Vicente, Santa Sabina y Santa Cristeta.
Después de los romanos se asientan en Ávila los
visigodos, bajo cuyo dominio la ciudad atraviesa por un período
históricamente gris. Los visigodos no dejaron ningún
monumento arquitectónico importante. A principios del
siglo VIII, los árabes, al mando de Tarik, conquistan
Ávila, arrasando las murallas romanas y reconstruyéndolas
sólidamente. El año 742 Alfonso I el Católico
consigue apoderarse de la ciudad, que es reconquistada por Abderramán
I cuarenta y tres años más tarde. Hasta que Alfonso
VI reconquista Toledo en 1085 y encarga a Raimundo de Borgoña
la repoblación y fortificación de Ávila,
ésta pasa, alternativamente, a poder de musulmanes y
cristianos. Fue entonces cuando se construyeron las actuales
murallas, terminadas el año 1099.
Se inicia poco después el ciclo caballeresco de Ávila
El año 1105, Sancho Sánchez Zurraquín,
al mando de una legión de caballeros abulenses, se enfrenta
en tierras zaragozanas con los árabes al grito, por primera
vez lanzado de: "Ávila, caballeros". Surge,
con la victoria, el noble sobrenombre de la ciudad: Ávila
de los caballeros.
A partir de entonces, y durante un largo período que
abarca hasta las postrimerías del Medievo, Ávila
es protagonista, directa o indirecta, de brillantes acontecimientos
históricos. Lo caballeresco está casi siempre
presente, de una u otra forma, en el desarrollo de muchos de
ellos. Por ejemplo, el novelesco episodio protagonizado el año
1109 por Jimena Blázquez, quien, al frente de un abigarrado
ejército de mujeres disfrazadas de guerreros, logró
defender Ávila del cerco de los árabes, en tanto
los caballeros de Ávila luchaban contra los musulmanes
lejos de la ciudad.
Otro episodio caballeresco es el de los sesenta caballeros
exigidos como rehenes por Alfonso I el batallador, cuyas tropas
sitiaban Ávila, para entrevistarse en la ciudad con su
hijastro Alfonso. Según la leyenda, sus cabezas cocidas
en aceite. El lugar donde se sitúa la tragedia se llama
hoy "Las Hervencias" y "Puerta de la Malaventura"
de la muralla por la que salieron los desdichados rehenes. El
ciclo caballeresco continúa coexistiendo con el real
al conferirle Alfonso VII a la ciudad el título de "Ávila
del Rey". Todavía el año 1177 los caballeros
abulenses se cubrían de gloria en la conquista de Cuenca
y en 1246 en la de Jaén. El Rey Sabio otorga a los caballeros
de Ávila el derecho de ir a la batalla siempre en vanguardia.
Hecho importante dentro del devenir histórico abulense
fue la decisión de Juan II de imponer el año 1436
el "pote de Ávila" -"que facedoce celemines"-
como unidad de capacidad legal y obligatoria en toda Castilla.
Ávila llegó a adquirir gran importancia en el
siglo XVI, como consecuencia de la existencia de numerosas industrias
florecientes, de modo especial la textil.
Curiosamente, Ávila puede también ser considerada
en esta centuria como ciudad "de los Santos y de los Cantos",
feliz expresión de la Reina Doña Juana. El 28
de marzo de 1515 nace en Ávila Teresa Sánchez
de Cepeda Dávila y Ahumada, la célebre autora
de Las Moradas, que, con San Juan de la Cruz, otro abulense,
elevaría la poesía mística española
a las más altas cimas. Toda la ciudad está llena
de huellas teresianas e impregnada aún de su poético
espíritu.
A principios del siglo XVII, con la expulsión de los
moriscos, se iniciaría el declive de Ávila como
centro industrial. La ciudad fue conviertiéndose en los
siglos posteriores en un recoleto y entrañable centro
urbano cuyo mayor atractivo reside en el arte que atesoran sus
bellos monumentos.
Fuente: www.avila.net

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