SÓLO
ELLAS, EL ABECEDARIO DE LAS FLORES
PRÓLOGO:
YO SOY EL QUE SOY Y NADA
MÁS
1. Ignoro el por qué he elaborado este autorretrato en
el que destaco aspectos peculiares de mi comportamiento con
la mayor objetividad posible, y a modo de pinceladas, prescindiendo
de cualquier cosa que se llame orden en su exposición.
2. No es mi propósito, queridas amigas
y amigos, obligaros a sacar el moquero que enjuague vuestras
lágrimas pasadas o presentes, ni menos aún prepararte
para las futuras que de seguro vendrán, como tampoco
pretendo hacer un análisis pormenorizado de su esencia
y sustancialidad. Se trata, pues, de unos conceptos, tal vez
tristes, nacidos de mis pensamientos para estas circunstancias.
3. En actos como éste siempre procuro
ser amable, no porque amable venga de amabilidad, sino porque
viene de cariño, de fraternidad, de convivencia.
4. Tuve la suerte inmensa de contar con progenitores
excepcionales que marcaron el rumbo de mis ulteriores y caras
inclinaciones, y a los que debo la vida y lo que soy. Del padre
heredé la pasión por el trabajo, en el amplio
y selectivo, la curiosidad por aprender, el desdén de
las pequeñeces y el repudio a la intriga, la ruindad,
la adulación y el servilismo. Me infundió, así
mismo, el culto a la verdad, honor, dignidad y desprendimiento,
como también el sentido de responsabilidad e independencia.
De mi madre, la bondad, la fortaleza de ánimo en el infortunio,
el crecimiento en la dificultad, la alteza de miras y un espíritu
delicado, sensible y soñador, y a la vez me inculcó
arraigo en la fe católica. Ambos me enseñaron
a no rendirme ante la caída y a sacar fuerzas de flaqueza
para remontar el revés circunstancial, lo que fue seguido
con perseverancia y practicado sin vacilación. ¡Cuántos
beneficios coseché al poner en ejecución tan sabios
consejos!
5. Practiqué la afición al teatro,
llegando a representar innumerables obras, en su mayoría
clásicas, de costumbres y cómicas, representadas
en los mejores teatros nacionales y extranjeros, llegando a
ser primer actor y director de Teatro Español Universitario
de la Universidad de Salamanca.
6. Entre el ser y parecer, prefiero lo primero,
aún cuando la indulgencia no me falte para la legión
de ambiciosos que en el mundo existen, y que parecen y no son.
7. He cultivado, y seguiré haciéndolo,
la amistad franca, cordial y honesta, y sólo la mera
relación cortés con aquéllos que no se
hicieron acreedores de otro trato.
8. A semejanza de cualquier mortal tampoco me
vi privado de desengaños, privaciones, deslealtades e
ingratitudes. No obstante, las compensaciones obtenidas a lo
largo de la vida superaron con creces sus desabrimientos. La
paciencia estoica y la resignación consciente abrieron
los cauces de la redención a través del sacrificio
y del trabajo.
9. En el orden profesional, los óbices
abundaron y se sucedieron, sin tregua, en el decurso de los
años, porque los enemigos, aún siendo pocos, eran
poderosos, solidarios, obstinados y políticos. Sin pecar
de soberbio ni orgulloso, cierto es que me vi superior a ellos.
10. Hice norma del “primero no dañar”,
y jamás medré en particular provecho. Prodigar
el bien, sin parar mientes en la persona, es costumbre que he
respetado escrupulosamente, como si una fuerza superior me lo
ordenase.
11. La actuación profesional lo avalan
la pluralidad de actuaciones: Epidemiólogo de la Jefatura
Provincial de Sanidad de Ávila, por oposición;
Jefe Provincial de Sanidad, eventual 10 – 12 años;
director del Banco de Sangre; Jefe de Servicio del Laboratorio
Nuestra Señora de Sonsoles, 19 años.
12. No soy receloso ni tampoco ingenuo, aún
cuando adolezca de cierta candidez, de la que sacaron partido
algunos tunantes.
13. Por el abierto carácter que me distingue,
suelo inspirar simpatía y confianza entre los que me
rodean y me tratan, jamás engañé a nadie.
14. Abrigo contradicciones entre el ser y el
parecer. Puede que en ocasiones, aparente lo que no soy, y en
otras sugiera apreciaciones que no se consonan con la realidad.
De cierta manera la incomprensión me ha perseguido, y
transfigurado la imagen, me ha hecho su víctima. No ocurre
así en círculos restringidos, donde expreso sin
dobleces el pensar y el sentir.
15. Carezco de picardía o astucia, ni
siquiera a la faz del seguro beneficio, y los óbices
que arrastra exigen conductas de esta guisa. Las veces que lo
probé, el fracaso remató la torpeza del emprendimiento.
Persuadido de esa incapacidad mía he renunciado a tal
empeño. ¿Falta de habilidad? No sé. Creo
más bien en el freno de un natural franco, pudoroso y
tímido.
16. Acepto las derrotas con aparente serenidad
y las desventuras resignadamente, salvados los iniciales instantes
de la turbación.
17. Muestro indulgencia respecto a los defectos
ajenos, al no olvidarme de los propios, indulgencia que ya quisiera
tuvieran los demás para mí.
18. Es norma que obre de buena fe, sin reparar
en la mala que pueden tener otros, y que corrientemente me sorprenden
y dejan indefenso. Si esto acontece, superados la indignación
y el disgusto, despacho al cagarrache de turno con un ¡Peor
para él!
19. Rindo culto a la sinceridad y no oso desmentirla,
a pesar de los inconvenientes que ocasiona.
20. He sido pródigo en el favor y corto
en recibirlo. Hice el bien por el bien mismo, incluso a los
que sabía de natural ingrato o indiferente. ¡La
generosidad deja de serlo si oscuros deseos la ensombrecen!
21. De la superficialidad reniego al igual que
de la ordinariez, aunque sea la nota dominante en el ambiente.
Jamás perdí el tiempo en casquivanas lecturas.
La meditación ha llenado los escasos ratos libres del
cotidiano quehacer.
22. No soy débil, aunque sí pacífico,
y prefiero la cesión a la pugna. Seguir la corriente
al menos soporta comodidad y sosiego.
23. He sido devoto del cumplimiento del deber,
a pesar de la falta de estímulo que supone el triunfo
de la mediocridad y la corrupción. Hay que ser héroe
para navegar en tan turbias aguas.
24. Cultivé la voluntad como un acto
de firmeza y decisión. Después de pensar, querer
tuve por lema.
25. Jamás alimenté ayudas ni admití
ofrecimientos sospechosos que coaccionasen la libertad. Sabía
que la inacción y la pereza destruyen y que sólo
el trabajo ennoblece, dignifica y confiere independencia.
26. De paciencia estoy sobrado, cuando se trata
de aguantar, hasta límites increíbles, respecto
de aquello que cercena la licencia en el trabajo e incluso las
faltas de educación y de respeto a que tan propensas
son “las gentes de ahora”.
27. El odio no anidó en mi alma. Sólo
lo almacenan los necios, impotentes y pobres de espíritu.
La vida del rencoroso es penosa, es condenable pretender el
desquite, que es tanto como dejar libre la bestia que llevamos
dentro.
28. Soy muy sentido y me afecta profundamente
cualquier deslealtad o indiferentismo de aquéllos a los
que distinguí con mi afecto y cordial amistad. A su presencia
el recuerdo del hecho retorna tesonero, y aún perdonando
la falta, en la conciencia ya no serán lo que fueron.
29. Referente a mis pinitos en política,
tengo que decir que fue un total fracaso las tres veces que
lo intenté o accedí a ella, echándome en
dos ocasiones por defender la verdad o no estar de acuerdo con
las opiniones de los jefecillos de entonces.
30. Los piropos y mensajes sensibles y morales
a féminas conocidas y desconocidas junto con el laboratorio
y la finca cotidiana, constituyen el manantial fecundo de mis
inefables deleites.
31. Al hipócrita repudio; el vanidoso
me carga; del trapisonda reniego; al charlatán o garrulo
no soporto; el intrigante me irrita; al ambicioso compadezco;
el que trepa me enoja; del indigno huyo; del que sonríe
antes de hablar desconfío, como también del que
calla demasiado; del ignorante me aparto y al envidioso temo;
el adulador me asquea; la ordinariez en formas y actitudes hallo
repelente, si bien en público no la reconvengo ni censuro.
Es la plaga de los tiempos modernos y hemos de aceptarla aunque
nos cueste caro el envite. La rica vida interior representó
el mejor lenitivo y actuó de espuela milagrosa para no
hundirme en la desilusión y la desesperanza.
32. Así, en síntesis, me veo y
siento. “No abras los labios si lo que vas a decir no
es más hermoso que el silencio”, y lo he seguido
como norma desde entonces.
33. Procuro la imparcialidad en el juicio sobre
los hechos y las cosas, y si me solicitan uso de la prudencia
en el consejo, sin inmiscuirme en su aceptación y seguimiento.
La honestidad y lealtad hacia el extraño es el mejor
exponente de los que guardo para mí.
REFLEJO
DE LA OBRA:
A continuación se exponen
algunas de las"flores" o "piropos" que se
relacionan en la obra::
«Hermosa
mujer, con atractivo singular que sus encantos ofrece; la magia
que envuelve su figura constituye el mejor acicate de su misterio».
«Dios
estima como preciosa toda intención, incluso pensamiento,
dirigido a su gloria y salvación nuestra. Por todo esto,
la infinita ternura de Dios nos recompensa con exceso. El amor
de Dios concede gracias muy superiores a las que merecen las
acciones humanas. Si tú le das a Dios una pizca de nada,
Él te lo recompensa con oro».
«Eres
un claro fulgor, luz esplendorosa, flor de bien pensar, de sencillez,
naturalidad y simpatía; comunicadora de la belleza y
llena de imperecedero encanto».
«Encantadora
jovencita es Sandra, su presencia es un resucitar anímico
hecho de fragantes y hermosas rosas del vergel de la armonía».
«La
envidia, mujer, es más lesiva que la miseria, sin que
deje de ser miseria al fin. Por ventura de Dios, los resentidos
son menos numerosos que los que sufren por el bien ajeno».
«La
senda de la verdad es rectilínea y son demasiados los
que no la siguen, ni quieren, enfatuados en la torre de marfil
adulterada. De la buena conciencia nace la paz, el sosiego,
el bienestar y la alegría de vivir. ¡Respetémosla
si queremos dormir sin pesadillas!».
«Eres
hermosa fémina de silueta angélica, de inteligencia
vivaz, labios carnosos y bellos, pupilas inquietas y rostro
hermoso. Para ser feliz no basta con la intención, si
no se sabe ni se acierta a serlo».
«Eres concha
pura de nácar, sueles ira cortejada de sensitivos y ceremoniales
silencios; engarza voluntad y virtud, por amiga del bien y enemiga
del mal. ¡Qué digo! ¡Oh, esto es tanto como
comunicar con el cielo y olvidarme de la tierra en donde moro!».
«Eres
bonita mujer y en ti predomina la belleza creativa y moderna,
aureolada con porte incesante de preciosas imágenes,
con acuciante anhelo de perfección».
«Cuando te
vi y conocí quedé sorprendido de tu encanto; aunque
intento penetrar en la hondura de tu secreto me es imposible
pasar el umbral, como cualquier mendigo. Posees deliciosa faz,
figura grácil y hermosa, revelas un ingenio cultivado
y despierto, que constituye la fuente inagotable de tu inspiración
creadora. En el comportamiento, agradable, cauta y reservada,
resultando muy atractiva».
«El amor entra
por los ojos, que bien parece nacieron enseñados para
despertar la pasión. El corazón que recibió
sus fulgores quedó atrapado en el encanto prodigioso
de la dulzura y ansiedad que despierta».
«Mujer
de educación esmerada, prenda estimable a fin de compatibilizar
el vivir y dejar vivir; sobriedad en el vestir, sencillez y
elegancia, es decir, hidalguía y belleza castellana».
«El
auténtico valor del agradecimiento, mujeres, no está
en las palabras que lo pregonan, sino en la devoción
que enciende el corazón con caracteres de permanencia».
«No
soy, mujeres, vuestro enemigo, antes bien vez en mí un
devoto fervoroso de vuestros mágicos dones y cautivante
hermosura, en cuyo albor quemé mi buena dosis de incienso
y bálsamo. ¡En verdad no las hay más bonitas
que vosotras!».
Faustino Cermeño
Cermeño
Depósito
Legal AV-137-2002